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31/03/2009
ARTÍCULO SOBRE INTELIGENCIA EMOCIONAL

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Hasta hace poco tiempo al hablar de inteligencia siempre nos referíamos a la inteligencia a nivel intelectual, esa gente que es “lista”, esas personas que son capaces de estudiar carreras complicadas, de solucionar problemas y tomar decisiones importantes... la razón, la lógica, el pensamiento era lo importante, y las emociones estaban en un segundo plano.

Los sentimientos y las emociones siempre han tenido bastante mala prensa. Se las ha considerado un signo de debilidad, por eso desde bien pequeños nos han enseñado que hay que dominarlas: no hay que dejarse llevar por el enfado , ni llorar en publico, ni tener miedo... También se ha considerado a las emociones como una traba, que ante las decisiones importantes no nos ayudan mucho, o nos impiden actuar adecuadamente. En este contexto vivimos o nos hemos desarrollado y las consecuencias han sido que tengamos poca libertad para expresar nuestras emociones, para hablar de ellas y para vivirlas con normalidad.

Y sin embargo las emociones son las que dan color a nuestra vida. Al igual que con los colores la gama de emociones también es muy grande. Podemos hablar de unas emociones básicas o primarias y otras muchísimas mezclas, variaciones y matices diferentes de las mismas.

Las emociones básicas son seis: el enfado, la tristeza, el miedo, la alegría, la sorpresa y el asco. Algunas son positivas y otras negativas, evidentemente preferimos las positivas pero aunque nos cueste entenderlo todas son igual de necesarias. Imaginemos que nos encontramos de vacaciones en una ciudad y hemos salido a visitar el mercado, se está haciendo de noche y una de las personas del grupo con el que vamos sugiere que nos metamos por una callejuela estrecha y oscura, instintivamente un escalofrío recorre nuestro cuerpo, sentimos miedo y ello nos lleva a evitar esa callejuela y a optar por otra más iluminada y transitada. Puede que esa decisión impulsada por el miedo nos haya evitado meternos en un buen lío.

Las emociones tienen un papel fundamental en la toma de decisiones en nuestra vida. Erróneamente nos han hecho creer que las decisiones más importantes han de tomarse únicamente con la cabeza, cuando más bien es al contrario, todas las decisiones que tomamos están regidas por las emociones, pero más aún las que tienen una importancia vital en el curso de nuestra vida: la persona que elegimos como pareja, el trabajo que escogemos como modo de vida, el lugar que será nuestro hogar etc... son decisiones que hay que tomar escuchando al corazón.

La inteligencia emocional es la capacidad de utilizar las emociones en nuestro propio beneficio: se trata de conocer, comprender y aprender a regular nuestras emociones y las de los demás. Este conjunto de capacidades o habilidades se adquieren principalmente en los primeros años de nuestra niñez, no obstante se pueden desarrollar y mejorar a lo largo de toda la vida.

La primera habilidad de la inteligencia emocional es reconocer e identificar lo que cada uno de nosotros sentimos y cómo nos afecta. Ya que la incapacidad de percibir nuestros sentimientos nos deja completamente a su merced. Es importante pararnos a pensar en qué sentimos, identificarlo y darnos cuenta de cómo nos está afectando en nuestra vida. Imaginemos la siguiente situación, una mujer que ha sufrido una grave enfermedad que le ha dejado importantes secuelas físicas que le impiden llevar una vida autónoma. Probablemente esa persona sentirá gran cantidad de emociones como miedo, enfado, tristeza, rabia... Si esa mujer no es capaz de identificar y reconocer toda esa serie de emociones y ver cómo le están afectando en ese momento de su vida es posible que se comporte de forma desagradable y enfadándose con su marido que es la persona que le está cuidando.

Una vez que somos conscientes de lo que sentimos tenemos que tener la capacidad de saber “ llevar “ esas emociones. Es la capacidad de serenarse y sobreponerse a las propias emociones, de controlarlas. Pero ¡cuidado! porque controlar las emociones no quiere decir tragárselas Si intentamos acallar las emociones nos sentimos mal, si estoy triste y hago como que no pasa nada y me lo trago me estoy haciendo daño. Se trata de sentir y expresar de la forma adecuada, puedo hablar con un amigo, llorar en privado etc... Está comprobado que la inhibición de las emociones negativas tiene consecuencias negativas sobre la salud.

Igualmente es importante expresar y sentir las emociones positivas: mostrarnos alegres, tranquilos, satisfechos con la vida.... Además está comprobado que las personas que expresan las emociones positivas afrontan mejor o tienen más recursos para superar los momentos difíciles de la vida, incluso tiene efectos beneficiosos para la salud. Un estudio realizado con un grupo de monjas demostró la relación existente entre la expresión de emociones positivas y el estado de salud y la longevidad. Se vio que aquellas monjas que habían reflejado en sus diarios emociones positivas, gozaban de mejor salud y vivían cerca de diez años más que las que apenas reflejaban emociones.

Hasta ahora hemos hablado de la importancia de reconocer, expresar y manejar las propias emociones, pero como nuestra vida trascurre en relación con otras personas, otra habilidad clave de la inteligencia emocional es la capacidad de reconocer y entender las emociones de los demás. Esta capacidad es lo que se conoce como empatía que significa el saber ponernos emocionalmente en el lugar del otro e intentar comprender cómo se siente, por qué actúa de una manera u otra etc.

La capacidad de empatía nos ayuda entender y reconocer las emociones de las demás personas, pero eso no significa que tengamos que justificar cualquier tipo de comportamiento derivado de esas emociones. Si por ejemplo, nuestra pareja estaba tan enfadada que ha tirado el jarrón que teníamos sobre la mesa, podemos entender su rabia y su mal humor, incluso creemos que tiene motivos para sentirse de ese modo, pero eso no significa que tengamos que pasar por alto su acción y las consecuencias. Ahora bien, si somos capaces de comprenderle, estaremos más dispuestos al diálogo y cuando hablemos con nuestra pareja le haremos ver que sabemos que estaba enfadada pero le mostraremos modos alternativos más positivos de expresar ese enfado.

La empatía también implica aprender que no todas las personas sentimos lo mismo en situaciones semejantes y esta es la base para respetar y valorar a los demás por lo que son y tal como son. Nunca debemos desvalorizar sin más los sentimientos de las personas. Podemos estar de acuerdo o no con una idea que nos expresa otra persona, pero necesariamente tenemos que respetar sus sentimientos, ya que son suyos y tendrá sus motivos para sentirse así.

Por tanto, la empatía nos ayuda a mejorar nuestras relaciones personales, ya que la persona con empatía sabe respetar, valorar y no juzga a las personas, permitiendo que cada una exprese sus sentimientos con libertad y plenitud.

Creemos que este tema de la inteligencia emocional nos abre caminos muy interesantes para seguir desarrollándonos como personas , vivir nuestra vida con mayor satisfacción y mantener unas relaciones con los demás más positivas y enriquecedoras. Creemos que merece la pena y para terminar recordamos lo que ya dijo hace muchos años Aristóteles: la felicidad depende de nosotros mismos.

Este artículo ha sido elaborado por Elena Iraolagoitia (psicóloga) y Sonia Ulazia (pedagoga) de Adindu Gerontologia Zerbitzuak.






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